La chica del Sena

A finales del siglo XIX el cuerpo de una joven fue arrojado al río Sena, sin signos de violencia, se asumió que se había quitado la vida. Al no conocerse su identidad, se hizo una máscara mortuoria, como era costumbre en esos tiempos. Su delicada belleza y etérea sonrisa aumentó el enigma de su muerte.

Circularon historias románticas, entre ellas que había perdido la vida por causa de un amor no correspondido. Esta historia se hizo popular en Europa, así como su máscara mortuoria.

De la tragedia a símbolo de vida

Varias generaciones después, Åsmund Laerdal la convirtió en imagen de un nuevo maniquí para enseñar cómo salvar vidas.

El fundador de Laerdal estaba convencido que un maniquí debía ser lo más parecido a una persona para inspirar realismo a los estudiantes, y encontró en la imagen de aquella joven el rostro adecuado para este nuevo maniquí para salvar vidas. Conmovido por la historia de esta chica fallecida tan joven, hizo modelar una mascarilla a partir de la máscara mortuoria para su nuevo maniquí de enseñanza: Resusci Anne.

En el 2010, Resusci Anne celebra su quincuagésimo aniversario. Inspirada por la “Chica del Sena", Resusci Anne se ha convertido en el símbolo de la vida para millones de personas en el mundo.